A las 7:10 de la mañana no había nadie a la puerta del Colegio (un misterioso coche, solo). A las 7:20 ha comenzado lo más parecido a una romería del Rocío que pueda darse en febrero en Castilla. A las 7:30, Almarza era la calle más bulliciosa al norte de Madrid (que no es poco).
Luego han venido las instrucciones, que han sido seguidas con diferente suerte y estilos, pero que han resultado efectivas… listas, nombres, medicinas, bolsas, tarjetas, “falta Pepito”, otra tarjeta, padres con maletas, madres con maletas, niños en fila… Alberto, nuestro conductor de confianza, ha manifestado su asombro por nuestra capacidad para montar 76 maletas (alguna más) y 73 niños en solo 15 minutos y por orden de lista. Primera victoria conseguida.
San Cristóbal, ruega por nosotros, y a Cantabria. La niebla nos ha cubierto como una colcha (nórdica) y ha sido fiel compañera hasta que hemos dejado atrás la meseta. El almuerzo también ha sido moderadamente nórdico, pero Cantabria nos ha recibido verde y soleada. El viaje se ha hecho largo (especialmente cuando atronaba por los altavoces la decimoquinta canción de “Vaiana”), pero los monitores nos esperaban sonrientes y saludantes al pie del bus. Eran casi todos conocidos, han descargado las maletas con gran agilidad y han invitado a pasar a los tres cursos con más agilidad aún.
Tras las presentaciones (y las miradas curiosas de los cuartos y de alguno más), nos hemos sentado a la mesa, un poco tarde para lo acostumbrado en esta pequeña Inglaterra, y han llegado los macarrones y la merluza rebozada y la ensalada y la mandarina. Esta ha sido la primera batalla, victoriosa para el bando de maestros, asombrosa para los monitores (que suelen rendirse rápido) y «sabrosa» para el bando perdedor. Después, presentaciones en los grupos, colocación en las habitaciones (solo está nuestro Colegio, así que espacio amplio y tranquilo para todos) y a disfrutar del buen tiempo con una actividad con los monitores.
El inglés ya fluía en abundancia cuando ha llegado la merienda y el tiempo libre deportivo, y el sudor también cuando han llegado las primeras duchas.
Como ya es tradición, hemos aprendido para qué sirve una toalla, para qué sirve un albornoz, para qué sirven unas chanclas y para qué sirve un profesor. En ninguno de los cuatro casos parece ser el uso habitual, pero han quedado limpios, frescos, arreglados y con las maletas muy dignas.
Luego ya juego en grupos, cena (hamburguesa y crema de verduras, con más fans la segunda) y un juego de códigos para cerrar el día.
Besos y abrazos de buenas noches. Silencio en las habitaciones (más o menos).
Este año os contaremos secretos del albergue… en el lugar de las habitaciones de profesores hay un baño en cuya pared hay una foto de una jirafa… Siempre nos ha resultado gracioso porque parece ser que uno nunca sabe dónde va a aparecer una jirafa.
La jirafa de hoy ha sido Alberto, el conductor, reencuentro agradable. Cuando menos lo esperábamos nos ha contado que se había acordado mucho de nosotros este año por la educación y el comportamiento de los niños. La jirafa saltó porque parece que dejamos buen sabor de boca.
Dar fruto donde sea que estemos plantados, también en la verde Cantabria…
Mañana toca surf en la playa. Pero esa ya es otra historia…

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