Tras las primeras jornadas de preparación y plantación, el huerto escolar empieza a mostrar sus primeros cambios. Los bancales ya cuentan con nuevos cultivos y el alumnado continúa realizando las tareas necesarias para que las plantas puedan desarrollarse en buenas condiciones.

Durante esta sesión, los alumnos han trabajado en el mantenimiento del terreno, removiendo la tierra, eliminando pequeñas hierbas, aireando el suelo y revisando el estado de los plantones. Estas labores son fundamentales para que las raíces puedan crecer mejor y para evitar que otras plantas compitan por el agua, la luz y los nutrientes.

El trabajo en el huerto permite comprobar que plantar es solo el primer paso. Para que un cultivo salga adelante es necesario observar, cuidar y actuar de forma constante. Por eso, cada jornada se convierte en una oportunidad para aprender a interpretar las necesidades del suelo y de las plantas.

Además, la actividad ha favorecido el trabajo cooperativo. El alumnado se ha organizado por zonas, ha utilizado distintas herramientas de jardinería y ha colaborado en el cuidado de un espacio común del centro. De esta manera, el huerto escolar sigue siendo un lugar de aprendizaje práctico, donde se trabajan la responsabilidad, la paciencia y el respeto por la naturaleza.

Poco a poco, el huerto va recuperando actividad y se convierte de nuevo en un espacio vivo dentro del colegio. A partir de ahora será importante seguir observando su evolución, regar cuando sea necesario y mantener el terreno en buen estado.